
Soporte Físico
El soporte físico del territorio de Lima está constituido por el río, los canales y sus tierras fértiles, lo que llevó a los españoles a elegir esta ubicación estratégica para fundar la ciudad. La trama urbana se configura a partir de estos elementos naturales, los cuales moldearon su diseño y crecimiento. “En esta ciudad hay necesidad que para servicio de ella ande el agua por las calles y solares por sus acequias; como solía andar antes que la ciudad se fundara, los cuales los españoles como no pudiesen, tan en breve, tener entera noticia y experiencia de la tierra y de sus cualidades para escoger convenientemente sitio en que poblar, juzgaban prudentemente por el mejor y más a propósito el que los naturales tenían ya poblado” (Mattos-Cárdenas en Municipalidad de Lima: Recuperando la memoria de Lima, 2017, p.14).
La ciudad de Lima fue trazada siguiendo un patrón reticulado, típico de las ciudades coloniales españolas, donde el río Rímac actuaba como un eje natural que influenciaba su configuración. El centro urbano, donde se encontraban los solares asignados a los colonos españoles, estaba estratégicamente ubicado cerca del río para asegurar el acceso fácil al agua. Las principales avenidas y calles se diseñaron para maximizar este acceso, permitiendo que las acequias y canales distribuyeran el agua por toda la ciudad. “Uno de los componentes importantes que debe reconocerse es la red de canales que en los periodos: prehispánico, virreinal y
republicano delinearon la morfología y el crecimiento de la ciudad, entendiendo ciudad como territorio habitado. Las calles, casas y conventos, entre otros, esconden vestigios de estos canales, que los arqueólogos vienen registrando para entender el origen mismo de la metrópoli, y reconocer que hace 2000 años el ingenio innovador de los Limay canalizó las aguas del Rímac para abastecer a los habitantes y probablemente, vitalizar los huertos y potenciar el cultivo mediante la ampliación de la frontera agrícola.” (Del Águila en Municipalidad de Lima: Recuperando la Memoria de Lima, 2017, p.48).
La distribución de tierras y viviendas en Lima reflejaba tanto las necesidades económicas como las jerarquías sociales de la época colonial. Según Bromley (1945), los habitantes recibieron extensiones determinadas de tierras en los alrededores de la ciudad para la construcción de sus viviendas, con el objetivo de que en ellas formaran sus huertas y criasen sus ganados, abasteciendo así las necesidades de la población. Sin embargo, esta distribución no fue equitativa y reflejaba una clara desigualdad entre los colonizadores españoles y los colonizados indígenas.
La adjudicación de las viviendas reflejaba la jerarquía social y el acceso desigual a los recursos hídricos. Los solares de los colonos españoles, situados en el centro urbano, estaban diseñados para aprovechar al máximo el sistema de acequias. Los cuales permitieron el desarrollo de una arquitectura más elaborada y duradera, con edificios construidos en piedra y ladrillo, techos de tejas. Estas viviendas contaban con patios y jardines internos que no solo servían para el ocio y el cultivo de plantas ornamentales, sino que también eran fundamentales para la ventilación y el microclima, mejorando la habitabilidad en el caluroso clima limeño.
En contraste, las viviendas de los indígenas estaban ubicadas en las afueras del núcleo urbano, construidas con materiales locales como adobe, caña y techos de paja, que no solo eran menos duraderos, sino que también reflejaban la marginación y las condiciones de vida inferiores. Estas casas, situadas en reducciones planificadas por las autoridades coloniales, estaban alejadas de los centros administrativos y comerciales, perpetuando la segregación espacial y social. A pesar de depender del mismo sistema de acequias, los indígenas no gozaban del mismo nivel de acceso y control sobre el agua, evidenciando una clara disparidad en el aprovechamiento de los recursos naturales.
La red de caminos que conectaba la ciudad de Lima con las tierras agrícolas y las áreas indígenas tenía una importancia vital para el transporte de personas y bienes. Esta infraestructura permitía a los indígenas llevar sus productos agrícolas a los mercados urbanos, como el de la Plaza Mayor, donde se comercializaban e intercambiaban por otros bienes y servicios. Sin embargo, los beneficios económicos de esta actividad favorecían principalmente a los colonos españoles, quienes controlaban el comercio y obtenían las mayores ganancias.
En definitiva, el agua cumplía un papel fundamental en el funcionamiento de la ciudad. El río Rímac, como fuente principal de agua potable, era esencial para la agricultura y el suministro urbano. Sus acequias y canales no solo irrigaban las tierras de cultivo, incluidas las extensiones indígenas, sino que también definían el trazado de la ciudad y sus alrededores. Las rutas paralelas al río facilitaban el movimiento de personas y bienes, conectando las áreas rurales con la ciudad. Las tierras cercanas al río eran particularmente valiosas debido a su acceso directo al agua, beneficiando desproporcionadamente a los colonos españoles, quienes tenían acceso privilegiado a estos recursos. Es asi como la proximidad al río y la disposición de las acequias influían en la planificación y construcción de viviendas y espacios públicos, destacando la desigualdad en el acceso y control de los recursos hídricos.






