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Para iniciar el recorrido en este análisis, es importante ponernos en contexto y remontarnos a 1535, año en que Lima fue ocupada por los españoles. La ciudad fue elegida por sus recursos hídricos y sus tierras fértiles, factores clave para su desarrollo y sostenibilidad. Desde sus primeros días, Lima se convirtió en el centro administrativo y político del Virreinato del Perú, albergando la Real Audiencia (el máximo tribunal de justicia del Virreinato). Además, era una de las pocas ciudades que contaba con visitas reales, lo que subraya su importancia dentro del imperio español. Lima, siendo el centro del poder virreinal y una ciudad costera, ubicada estratégicamente cerca del río Rímac, era un objetivo valioso para los enemigos de la Corona española. A lo largo del siglo XVII, la amenaza de ataques piratas era constante, lo que llevó al virrey español en 1684 a tomar una decisión crucial: amurallar la ciudad. Esta muralla no solo tenía la función de proteger a Lima de futuros saqueos, sino que también creó un límite físico y simbólico entre lo que se consideraba parte de la ciudad y lo que quedaba extramuros, delineando una clara separación entre el mundo "civilizado" de los colonos españoles y el exterior.​
La ciudad amurallada representaba un espacio de poder y privilegio para los españoles, mientras que los indígenas, en su mayoría, vivían en los márgenes, tanto físicos como sociales. Esta segregación se reflejaba en todos los aspectos de la vida cotidiana, desde el acceso a recursos hasta las oportunidades de participación en la vida política y económica. Como consecuencia, los indígenas, que habían habitado la región mucho antes que la llegada de los europeos, se encontraron insertos en una estructura social y económica completamente nueva. La política de reducción de indios, implementada por los colonizadores, buscaba concentrar a la población indígena en pueblos organizados según los modelos europeos. Este proceso facilitaba el control administrativo y la evangelización, pero también desarticulaba las estructuras sociales y culturales indígenas, siendo obligados a trabajar en condiciones duras e injustas, lo que reflejaba una relación de dominación y explotación por parte de los colonizadores.

Nuestro trabajo se enfocará en analizar la convivencia entre colonizadores y colonizados en el siglo XVII, poniendo un énfasis especial en cómo esta relación era profundamente desigual. Exploraremos cómo los colonizadores impusieron un sistema de control y dominación que afectó todos los aspectos de la vida de los indígenas, desde lo social y económico hasta lo cultural y político. ​
Además, se investigará cómo la estructura urbana de Lima, con su muralla y sus barrios diferenciados, simbolizaba y reforzaba las divisiones sociales. Analizaremos los espacios de interacción y conflicto entre colonizadores y colonizados, para entender mejor las dinámicas de poder y resistencia en la ciudad.

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(G3) Alumnas: Orlando, Candela. Baña, Martina. Benvenuto, Lourdes. Guazzaroni Arin, Renata

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