
El esquema exhibe tres piezas de rompecabezas, simbolizando la integración de todas las partes en un todo coherente, reflejando los tres principios del tratado de Alberti: Firmitas, Utilitas y Venustas.
RACIONALIZACIÓN
Para empezar este trabajo partimos de la idea de entender al Renacimiento no como un hecho aislado sino como una racionalización de la Edad Media. La Edad Media es un periodo caracterizado por entender a los espacios como espacios ordenados y este orden estaba directamente relacionado a lo sagrado. Dios era el centro de todo, las construcciones se hacían en base a cómo se vivía la vida a través de él. El Renacimiento, por su parte, también es caracterizado por un orden, pero en el, este concepto era diferente “No creía lograr la seguridad existencial ocupando su puesto en el Reino de Dios, sino que imaginaba el cosmos en términos numéricos y consideraba a la arquitectura como una ciencia matemática” (Schultz, s.f, p.223). Es así, como el espacio renacentista pasa a tener un orden geométrico y homogéneo en vez de un orden simbólico y espiritual.
Uno de los métodos matemáticos y científicos que podemos utilizar para explicar el Renacimiento es el método de la perspectiva, utilizado como una herramienta para proyectar por los arquitectos de la época. En este, se define un espacio a través de la posición del observador y en el cual los objetos ocupan un lugar según dónde estén ubicados, y según que tengan a su alrededor. “La forma de un edificio puede depender rigurosamente del esquema geométrico predispuesto, en tanto en cuanto se pueda deducir la forma de cada elemento de la posición que este ocupa en el esquema”(Benévolo, 1993, p.167).
Esta forma de construir a través de la perspectiva, refleja un mayor valor de la disciplina intelectual y una subordinación de la práctica tangible a la concepción inteligible del diseño. Así es como el hombre, tiene un papel destacado, es el hacedor en el proceso de construcción, es un ser capaz de comprender y transformar su entorno mediante la razón, la observación y la experimentación. Su capacidad de conocimiento y capacidad para planificar se transforma en la figura central. Es el encargado de decidir qué poner y en qué lugar ponerlo, y así entonces dar significado al espacio. “El pasaje de una tradición recibida por herencia a una tradición construida racionalmente pone a los diseñadores frente a una nueva responsabilidad “ (Benévolo, 1993, p.172).
Entonces podemos afirmar que la herencia dejada por la Edad Media se observa y se trabaja. A través de ella, el pasado y el presente actúan de forma conjunta. “El conocimiento objetivo de la realidad presente parece inseparable de un juicio sobre la realidad pasada” (Benévolo, 1993, p.171).
Cómo conclusión, podemos decir que desde el inicio entendemos al Renacimiento como una suma de partes que lo van conformando. En este punto, es donde nosotras empezamos a investigar cómo se daba esto en la arquitectura, y entendimos que la lógica de partes también estaba a la hora de realizar las obras.
Una obra para ser considerada “perfecta” debía contar, según Alberti, con tres principios fundamentales: la Firmitas, la Utilitas y la Venustas. Estos 3 pilares no podían estar aislados entre sí, debían coexistir en armonía y cada uno debía dar forma y significado al otro.
La Firmitas hablaba sobre la solidez y la durabilidad de la obra, mientras que la Utilitas se refería a su funcionalidad, es decir, su capacidad para satisfacer una necesidad práctica. Por último, la Venustas refería a la belleza, el arte debía ser hermoso para ser verdaderamente significativo.
Nos parece importante destacar que, si bien los 3 conceptos debían cumplirse obligatoriamente para que esa obra sea perfecta, la belleza era el concepto más importante, ya que no solo completa la obra como un todo, sino que también integra los elementos individuales. “Lo irracional pierde toda eficacia. Por bello se entiende la concordancia lógica entre las partes singulares de un todo” (Hausser,sf, p.347).
Alberti fue quien dio origen de alguna forma a estas teorías, para él la belleza “es un concierto (concinnitas) de todas las partes reunidas con proporción y racionamiento en el conjunto en el que se encuentren de manera que no se pueda añadir, quitar o cambiar ninguna cosa que no sea para empeorarlo” (Alberti,1485, libro IV).
Partiendo de todos estos puntos ya mencionados, como la síntesis armónica entre la forma y función, podemos decir que la belleza trasciende lo meramente estético para revelar una verdad perdurable del pasado en el presente. La belleza arquitectónica es la perfecta integración de elementos que equilibran lo visualmente atractivo con lo funcionalmente eficiente.
“La belleza resultará de buena forma de la correspondencia del todo con las partes, de la partes entre sí y de estas de nuevo con el todo, puesto que los edificios han de parecer un cuerpo entero y bien definido, en el cual cada miembro vaya bien con el otro, y todos los miembros sean necesarios para lo que se quiere hacer” (Patetta,1997, p.237). Y por lo tanto cada obra para alcanzar este equilibrio se convierte en un testimonio tangible de la verdad histórica y cultural, cuyo legado perdura como el vínculo entre el pasado y el presente en la teoría y práctica del diseño arquitectónico.
Elegimos cómo caso de estudio la Basílica de San Andrés en Mantua realizada por Alberti y en ella empezamos a analizar estos tres principios fundamentales.
Por un lado, la Firmitas, que, como ya mencionamos, referían a la solidez y durabilidad. En este punto, es importante hablar sobre los materiales utilizados en la construcción de los muros, las columnas y las bóvedas. En principio, la piedra como material, proporciona solidez y además para los griegos era la solidez de la fe y la inmutabilidad de la Iglesia a lo largo del tiempo, lo cual es un claro ejemplo de cómo lo antiguo era utilizado, pero ahora con un nuevo significado. Para el Renacimiento no era importante si la piedra era un símbolo de conexión con Dios, sino que, era importante que este material asegure que esa obra perdure en el tiempo. El mármol, por su parte, para los griegos era la gloria de Dios y le daba al lugar el carácter espiritual que merecía. Pero en este caso es utilizado como un material que proporciona rigidez y además aporta belleza y refinamiento, esculpido con detalle en columnas, capiteles y molduras.
En cuanto a la Utilitas nos parece importante destacar que la iglesia si bien es un lugar sagrado, su construcción está pensada con fines más prácticos, “La iglesia seguía siendo el tema edilicio más importante pero su forma tuvo que adaptarse a el nuevo concepto de orden” (Schultz, sf,p.223). Es así como la misma sigue siendo un lugar de culto, pero lo fundamental es que el hombre tenga una relación con su entorno construido. Cada elemento arquitectónico, desde los arcos hasta los altares, está perfectamente colocado para facilitar esta experiencia. En la arquitectura renacentista, cada elemento era colocado con un fin, todo estaba planeado de antemano para cumplir su función, no se libran cosas al azar y no se tomaban decisiones mientras la obra ya se estaba haciendo “En el Renacimiento, en cambio, toda particularidad del edificio está determinada a priori por las exigencias perspectivas, y la perspectiva proporciona también un medio para controlar de antemano, mediante la recíproca concatenación, los resultados finales” (Benévolo,1993, p.175).
En cuanto a la Venustas, cada columna, frontón y detalle arquitectónico, que en muchos casos está cumpliendo una función estructural, tiene también su carácter de belleza, y por lo tanto se entrelazan en una sintonía que crea tal equilibrio y proporción, que van más allá de lo meramente estético. De nuevo, esta belleza surge de la concordancia lógica entre cada elemento individual, cumpliendo su función y el todo. Por ejemplo, el caso de los arcos, que son quizá una de las características principales de esta obra, dan la estética general de la basílica, proporcionan una apariencia elegante y clásica, pero además, tienen un papel esencial en la estructura, proporcionan soporte y distribuyen el peso del techo y otros elementos uniformemente hacia los pilares. Además, en su carácter de Utilitas son los encargados de organizar el espacio interior. Estos arcos no podrían ser pensados como elementos aislados, sino que están colocados de cierta forma y en cierto lugar para contribuir a los 3 principios. Así también es el caso de columnas,que están ornamentadas con sus capiteles decorativos, obtenidos muchas veces de las obras de la Edad Media, que además son las encargadas en el interior de separar el espacio en naves, creando así una distribución acorde a la función.También aparecen en la fachada columnas corintias, propias de la antigua Grecia, para dar carácter a la obra y además sostenerla.
Así, la Basílica de San Andrés encarna los principios fundamentales de Firmitas, Utilitas y Venustas de Alberti, siendo una estructura sólida, funcional y bella, donde estos tres principios convergen en una síntesis armoniosa y perfecta.